Inma Constanzo
Inma Costanzo es una músico y vocalista que parece saber algo más que los demás: sabe escuchar el pulso invisible del mundo y devolverlo convertido en sonido. Su voz nace de un lugar íntimo, de un territorio interior donde la experiencia vital, la memoria y el silencio se entrelazan para transformarse en música. Más que una intérprete, su canto es una forma de escucha profunda, una manera de traducir aquello que sucede entre el paisaje exterior y el paisaje interior del ser humano.
Tras finalizar sus estudios de arquitectura decidió seguir la llamada de la música y se trasladó a Milán con la banda de Trip Hop Soul Mio en la que participaba como cantante y compositora. Durante casi una década vivió allí, grabando varios discos editados por Sony Music y conociendo desde dentro la industria musical. Aquella experiencia la llevó a reafirmar su deseo de preservar la libertad creativa y buscar un camino artístico más personal.
Ese camino encontró un nuevo horizonte en Fuerteventura, donde su trayectoria volvió a florecer al conocer al guitarrista David Llop, partecopando a su banda de manouche Le Caravan Guitarsy con quien fundó Bocinegro Downhome, un proyecto inspirado en el blues del delta del Mississippi y en las raíces africanas de la música popular. Hoy continúa escribiendo y explorando nuevas sonoridades, guiada por lo que denomina “la frecuencia del mundo actual”: una música que busca aportar armonía y apertura.También desde hace años profundizó en la Técnica vocal y imparte clases individuales.
Quienes la conocen destacan en ella una sensibilidad poco común. Su relación con la música no nace únicamente del conocimiento técnico, sino de una exploración constante del mundo interior y de una atención profunda a las energías que atraviesan la vida colectiva: los movimientos sociales, las transformaciones culturales, las preguntas políticas de su tiempo. Su mirada crítica convive con una búsqueda introspectiva que intenta comprender cuál puede ser la verdadera aportación del arte. Así, su trabajo creativo se sitúa en un territorio donde la memoria del blues dialoga con la intuición de nuevas formas de expresión, y donde la música se convierte, ante todo, en un acto de escucha: escuchar la tierra, escuchar el silencio y escuchar aquello que aún no ha sido dicho.










