Bernhard Glauser

Para Bernhard la orfebrería nunca ha sido una actividad entendida únicamente desde la técnica o la producción. El acto de crear trasciende la fabricación de objetos y se convierte en una forma de expresar ideas, sensibilidades y una determinada manera de comprender la vida. Concibe el trabajo creativo como la posibilidad de depositar una parte de sí mismo en cada pieza y permitir que ésta continúe su recorrido al encontrarse con otra persona.

Su proceso creativo también escapa a estructuras rígidas o métodos predeterminados. Rara vez trabaja a partir de bocetos previos; prefiere establecer un diálogo directo con el material y permitir que las piezas encuentren su propia evolución durante el proceso. En ocasiones una intuición, una técnica o una forma inicial actúan como punto de partida para desarrollos inesperados y de una misma idea puede surgir una pieza única o desplegarse una serie completa. Algunas de esas ideas permanecen durante días acompañándolo en silencio, madurando lentamente antes de adquirir una forma definitiva.

Entre todas las creaciones, los anillos ocupan un lugar especialmente significativo para él. Le atrae su condición de forma cerrada, su potencia simbólica y la dimensión profundamente íntima que pueden llegar a contener. Tal vez porque la joya habita un lugar singular entre las formas de arte: no se contempla desde la distancia ni permanece suspendida en un espacio expositivo. Acompaña el cuerpo, transita el tiempo junto a quien la lleva y establece vínculos personales que pocas obras llegan a construir.

Para Bernhard, una joya no pretende ocupar el centro; su propósito consiste en acompañar y hacer visible una belleza que ya existía.